Ser una misma en pareja

Los terapeutas de pareja suelen decir que la gente se separa por lo mismo que se enamora y, en la mayoría de los casos, tienen razón. Tendemos a buscar personas opuestas o con algún rasgo de personalidad que, quizás, a nosotros nos falte, creyendo que así podremos complementarnos. Entra en juego esa falsa creencia de que somos medias naranjas y que, con la llegada de otra media naranja, podremos ser una unidad completa, pero, ciertamente, la realidad suele demostrarnos que esto no es así.

Ser una misma en pareja

Las etapas del enamoramiento

1 Al principio, la idealización
Cuando conocemos a alguien y comenzamos a compartir momentos, solemos entrar en una etapa de enamoramiento en la que no vemos los “defectos” del otro y, si lo hacemos, parecen no molestarnos, creyendo que con el tiempo serán cosas que se podrán modificar o desterrar. Esto se da porque se pierde objetividad en función de la idealización del otro: la persona “se ‘convierte’ en lo que yo deseo que sea”.
2 Luego, el desencanto
Por eso, siempre después del enamoramiento como estado pasional, viene una cierta desilusión. Cuando el entusiasmo del inicio merma y la pareja queda enfrentada cara a cara sin idealizaciones, aparecen las frustraciones y, en lugar de buscar una salida que solucione, se piensa en cambiar al otro.
3 Buscar cambios
Y ahí justamente está el error, en proyectar cambiar a la otra persona, en vez de aceptarla. Algo que no sólo es imposible sino también conflictivo. Si somos capaces de mirar con afecto esas partes que no nos parecen gratas y las integramos a nuestra cotidianidad, entonces, recién surgirá el amor verdadero, sin condiciones, en el que cada uno es aceptado y respetado con sus tiempos, defectos y virtudes.
4 Aceptación
Éste será un vínculo un poco menos pasional, sabiendo que el otro tiene defectos, que no tiene que estar a nuestra disposición, que todo lo que yo pensaba no es igual a lo que ocurre, que no todo lo que yo deseo es posible. Pero será un vínculo más sano también.

La individualidad es necesaria

• La individualidad es un punto, como muchos otros, que no hay que dejar de lado si queremos tener una relación sana y duradera.
• Es necesario compartir un tiempo en común con la pareja, pero, también, un tiempo en donde cada uno tenga su propio espacio. No es bueno conformar una simbiosis, donde la existencia de uno dependa de la existencia del otro, porque esto, con el tiempo, lleva al aburrimiento y a la búsqueda de algo diferente.
• Es importante aprender que no todo puede realizarse con la pareja y que, no porque no la queramos o porque deseamos aislarla sino porque, quizás, tengamos gustos diferentes y no disfrutemos de las mismas cosas. ¿Por qué tenemos que convencerlo para que mire películas románticas si él prefiere mirar fútbol? Es mejor que cada uno realice la actividad que tiene ganas y, después, volver a reunirse.
• La mayoría de la gente se pelea porque quiere convencer al otro de que su postura es la correcta, pero no hay postura correcta. Hay que aprender a aceptar que lo que para mí es bueno, quizás, para mi pareja, no lo es. Esto demuestra solidez en una relación: poder aceptar que uno no es todo y que cada uno tiene su vida.
• Pero esto no se logra si no hay comunicación. Éste es uno de los pilares fundamentales dentro de una pareja, así como lo son el amor y el respeto.
• Es aconsejable aceptar al otro tal cual es y fomentar una buena relación, alimentando nuestro yo, y nuestra autoestima. Es importante aprender a pensar (en vez de reaccionar) en los momentos intensos, a observar nuestra responsabilidad, sobre todo si es una conducta que se repite en todas nuestras relaciones.
• El secreto es poder mantener un equilibrio respetando los espacios, las necesidades y los deseos del otro, pero, también, los propios deseos, los cuales es necesario transmitir. Si podemos llevar a cabo mm esto, estaremos listos para disfrutar de la persona que elegimos y para amarnos sin trabas ni condiciones.

El otro como un espejo

• Muchas veces, aquellas cosas que nos molestan de nuestra pareja son aspectos propios que tenemos reprimidos o no resueltos.
• Al comienzo, nos fascina que él tenga eso que para nosotros es tan difícil tener. Nos atrae que la otra persona pueda hacer cosas que nosotros no podemos.
• En la etapa de enamoramiento, no sólo aceptamos esas características en nuestra pareja sino que también las aceptamos en nosotros mismos. Pero, tiempo después, si no desarrollamos estos aspectos negados, vamos a entrar en un conflicto interno que repercutirá en la pareja.
• Si nos molesta una situación, debemos ver qué cuestión personal se refleja en ese conflicto y qué camino seguir: si me alejo de él para alejarme de mi propia debilidad o si acepto la oportunidad de integrarme y resolver mi conflicto.
• Entonces, en vez de utilizar mi energía para cambiar al otro, la utilizo para observarme, para conectarme conmigo mismo y para conocer aspectos de mí que estaban ocultos; y, a partir de allí, descubrir qué es lo que yo necesito y qué me pasa con sus actitudes.
• Es muy diferente encarar los conflictos que surgen en una relación con la actitud de revisar “qué me pasa a mí”, de enfrentarlos con enojo pensando que el problema es que estoy con la persona equivocada.

 

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